domingo 26 de abril de 2009

Palillo, no se clavan sus astillas.

Allí estaba el tipo, sentado en su taburete viéndolas venir. Cerveza medio vacía siempre. Codo izquierdo sobre la barra, a la distancia exacta para agarrar la botella y llevarla hasta los morros. Un movimiento preciso, lento, automatizado. Pura gestión temporal. Racionalizaba la melancolía y ni siquiera meditaba. Sorbía con sosiego e indiferencia.

De vez en cuando, hablaba con un interlocutor que jamás tuvo. A media voz y con tono apagado, demolido por los otoños, austero en su amplia magnitud decía "Ella sabía lo que había, se lo podía imaginar. Claro. Si..., yo qué sé. Pues no haberse casado conmigo". Después, agachaba la cabeza.

Cualquiera afirmaría sin dudar, que reflexionaba sobre sus palabras. Con el tiempo me di cuenta de que no. Aquél hombre, era simplemente un hombre.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada